Una madrugada de invierno, en una avenida desolada, un destino propio, caminando feliz por haber estado una tarde tan normal donde me dijo que me quería, allí soñé engañado con su amistad, que sentía, que la tocaba, pero en verdad era un reflejo.
Más adelante, siguiendo los pasos obligados por la ausencia de dinero, me despertó una presencia que me separaba de ella, era un conductor que forzado por la suerte adversa empujaba su auto por el sendero hacia el río. La desconfianza se apoderó de ambos, es común tener demasiada agua salada en nuestra mente frágil, nos miramos de reojo y en unos segundos las imágenes de los obstáculos que pueden hacerte caer se desvanecieron. Pese a todo hay que avanzar, no si fue él no sé si fui yo, la desconfianza se quebró alejando el daño de nuestros corazones. Así, sin dirigir palabra alguna acompañe en silencio empujando su auto durante más de 7 kilómetros hasta un grifo en donde el abastecimiento ayudo a poner en marcha el auto. Yo, sin mediar palabra continué mi camino, más unos minutos de caminata fueron interrumpidos por un claxon una voz dirigió una pregunta: ¿A dónde vas? Yo respondí: Al Centro. Vamos te dejo por allí pues es mi ruta hacia el San Miguel.
Llovía, hacía frío y mi orgullosa personalidad se doblego al frio que cala en los huesos (mala costumbre en esos días de andar con polo manga cero) y subí tome el asiento del copiloto. Pasaron 15 minutos no hubo intercambio de palabras éramos perfectos desconocidos que confiaban perfectamente el uno con él otro una frase corto el silencio cuando finalmente bajé, se escucho al simultaneo: ¡¡¡Gracias, nos vemos!!!. Sabíamos perfectamente que era improbable volver a coincidir, no sabíamos vuestros nombre pero eso no importaba ya cada uno estaba en casa sano y salvo.
Al día siguiente compartí la historia, y solo recibí una reprimenda por lo confiado que fui me imaginé que a el conductor también le habrá pasado lo mismo, no lo sé. Solo sé que si me volviera a tocar la situación volvería a hacer lo mismo, no aprendo si pues tengo ese defecto de creer que aun hay gente buena en este mundo, espero no equivocarme.
Ah me olvidaba mi querido Logan ese día se empezó a escribir tu historia. Te amo hijo.
Más adelante, siguiendo los pasos obligados por la ausencia de dinero, me despertó una presencia que me separaba de ella, era un conductor que forzado por la suerte adversa empujaba su auto por el sendero hacia el río. La desconfianza se apoderó de ambos, es común tener demasiada agua salada en nuestra mente frágil, nos miramos de reojo y en unos segundos las imágenes de los obstáculos que pueden hacerte caer se desvanecieron. Pese a todo hay que avanzar, no si fue él no sé si fui yo, la desconfianza se quebró alejando el daño de nuestros corazones. Así, sin dirigir palabra alguna acompañe en silencio empujando su auto durante más de 7 kilómetros hasta un grifo en donde el abastecimiento ayudo a poner en marcha el auto. Yo, sin mediar palabra continué mi camino, más unos minutos de caminata fueron interrumpidos por un claxon una voz dirigió una pregunta: ¿A dónde vas? Yo respondí: Al Centro. Vamos te dejo por allí pues es mi ruta hacia el San Miguel.
Llovía, hacía frío y mi orgullosa personalidad se doblego al frio que cala en los huesos (mala costumbre en esos días de andar con polo manga cero) y subí tome el asiento del copiloto. Pasaron 15 minutos no hubo intercambio de palabras éramos perfectos desconocidos que confiaban perfectamente el uno con él otro una frase corto el silencio cuando finalmente bajé, se escucho al simultaneo: ¡¡¡Gracias, nos vemos!!!. Sabíamos perfectamente que era improbable volver a coincidir, no sabíamos vuestros nombre pero eso no importaba ya cada uno estaba en casa sano y salvo.
Al día siguiente compartí la historia, y solo recibí una reprimenda por lo confiado que fui me imaginé que a el conductor también le habrá pasado lo mismo, no lo sé. Solo sé que si me volviera a tocar la situación volvería a hacer lo mismo, no aprendo si pues tengo ese defecto de creer que aun hay gente buena en este mundo, espero no equivocarme.
Ah me olvidaba mi querido Logan ese día se empezó a escribir tu historia. Te amo hijo.



